Strange fruit (Ojo…Muy juerte)

Un amigo, fotógrafo y ecologista, fue invitado por una universidad americana para documentar fotográficamente los efectos del huracán Katrina (2005).
A su regreso comentó muchas cosas.
Recorriendo el Misisipi, el paisaje era bucólico con fincas y casas blancas de madera, mecedoras bajo la galería y pasto corto. Le sorprendió que delante de cada casa, había una magnolia gigante.
Preguntó.
Eran para ahorcar negros.

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Strange fruit (Pinche y verá la historia de la letra de Abel Meeropol) 

Southern trees bear strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black bodies swinging in the southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.

Pastoral scene of the gallant south,
The bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolias,
sweet and fresh,
Then the sudden smell of burning flesh.

Here is fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for the trees to drop,
Here is a strange and bitter crop.

Abel Meeropol

Extraño fruto

Árboles sureños cargan extraños frutos,
Sangre en las hojas, y sangre en la raíz,
Cuerpos negros se balancean a la brisa sureña
Extraños frutos penden de los tuliperos.

Escena pastoral del galante sur,
Los ojos saltones y la boca retorcida,
Perfume de magnolias, dulce y fresco,
Y el repentino olor de carne quemada.

Aquí está el fruto (que alardea coraje) para que arranquen los cuervos,
Para que la lluvia tome, para que el viento chupe,
Para que el sol descomponga, para que los árboles suelten,
Esta es una extraña y amarga cosecha.

Abel Meeropol

Billie Holiday canta con todo su cuerpo

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4 pensamientos en “Strange fruit (Ojo…Muy juerte)

  1. Impresionante. Me recuerda a esto:
    CADÁVERES

    a Flores

    Bajo las matas
    En los pajonales
    Sobre los puentes
    En los canales
    Hay Cadáveres

    En la trilla de un tren que nunca se detiene
    En la estela de un barco que naufraga
    En una olilla, que se desvanece
    En los muelles los apeaderos los trampolines los malecones
    Hay Cadáveres

    En las redes de los pescadores
    En el tropiezo de los cangrejales
    En la del pelo que se toma
    Con un prendedorcito descolgado
    Hay Cadáveres

    En lo preciso de esta ausencia
    En lo que raya esa palabra
    En su divina presencia
    Comandante, en su raya
    Hay Cadáveres

    En las mangas acaloradas de la mujer del pasaporte que se arroja
    por la ventana del barquillo con un bebito a cuestas
    En el barquillero que se obliga a hacer garrapiñada
    En el garrapiñiero que se empana
    En la pana, en la paja, ahí
    Hay Cadáveres

    Precisamente ahí, y en esa richa
    de la que deshilacha, y
    en ese soslayo de la que no conviene que se diga, y
    en el desdén de la que no se diga que no piensa, acaso
    en la que no se dice que se sepa…
    Hay Cadáveres

    Empero, en la lingüita de ese zapato que se lía disimuladamente, al
    espejuelo, en la
    correíta de esa hebilla que se corre, sin querer, en el techo, patas
    arriba de ese monedero que se deshincha, como un buhón, y, sin
    embargo, en esa c… que, cómo se escribía? c. .. de qué?, mas, Con
    Todo
    Sobretodo
    Hay Cadáveres

    En el tepado de la que se despelmaza, febrilmente, en la
    menea de la que se lagarta en esa yedra, inerme en el
    despanzurrar de la que no se abriga, apenas, sino con un
    saquito, y en potiche de saquitos, y figurines anteriores, modas
    pasadas como mejas muertas de las que
    Hay Cadáveres

    Se ven, se los despanza divisantes flotando en el pantano:
    en la colilla de los pantalones que se enchastran, símilmente;
    en el ribete de la cola del tapado de seda de la novia, que no se casa
    porque su novio ha
    ……………………….!
    Hay Cadáveres

    En ese golpe bajo, en la bajez
    de esa mofleta, en el disfraz
    ambiguo de ese buitre, la zeta de
    esas azaleas, encendidas, en esa obscuridad
    Hay Cadáveres

    Está lleno: en los frasquitos de leche de chancho con que las
    campesinas
    agasajan sus fiolos, en los
    fiordos de las portuarias y marítimas que se dejan amanecer, como a
    escondidas, con la bombacha llena; en la
    humedad de esas bolsitas, bolas, que se apisonan al movimiento de
    los de
    Hay Cadáveres

    Parece remanido: en la manea
    de esos gauchos, en el pelaje de
    esa tropa alzada, en los cañaverales (paja brava), en el botijo
    de ese guacho, el olor a matorra de ese juiz
    Hay Cadáveres

    Ay, en el quejido de esa corista que vendía “estrellas federales”
    Uy, en el pateo de esa arpista que cogía pequeños perros invertidos,
    Uau, en el peer de esa carrera cuando rumbea la cascada, con
    una botella de whisky “Russo” llena de vidrio en los breteles, en ésos,
    tan delgados,
    Hay Cadáveres

    En la finura de la modistilla que atara cintas do un buraco hubiere
    En la delicadeza de las manos que la manicura que electriza
    las uñas salitrosas, en las mismas
    cutículas que ella abre, como en una toilette; en el tocador, tan
    …indeciso…, que
    clava preciosamente los alfiles, en las caderas de la Reina y
    en los cuadernillos de la princesa, que en el sonido de una realeza
    que se derrumba, oui
    Hay Cadáveres

    Yes, en el estuche de alcanfor del precho de esa
    ¡bonita profesora!
    Ecco, en los tizones con que esa ¡bonita profesora! traza el rescoldo
    de ese incienso;
    Da, en la garganta de esa ajorca, o en lo mollejo de ese moretón
    atravesado por un aro, enagua, en
    Ya
    Hay Cadáveres

    En eso que empuja
    lo que se atraganta,
    En eso que traga
    lo que emputarra,
    En eso que amputa
    lo que empala,
    En eso que ¡puta!
    Hay Cadáveres

    Ya no se puede sostener: el mango
    de la pala que clava en la tierra su rosario de musgos,
    el rosario
    de la cruz que empala en el muro la tierra de una clava,
    la corriente
    que sujeta a los juncos el pichido – tin, tin… – del son-
    ajero, en el gargajo que se esputa…
    Hay Cadáveres

    En la mucosidad que se mamosa, además, en la gárgara; en la también
    glacial amígdala; en el florete que no se succiona con fruición
    porque guarda una orla de caca; en el escupitajo
    que se estampa como sobre en un pijo,
    en la saliva por donde penetra un elefante, en esos chistes de
    la hormiga,
    Hay Cadáveres

    En la conchita de las pendejas
    En el pitín de un gladiador sureño, sueño
    En el florín de un perdulario que se emparrala, en unas
    brechas, en el sudario del cliente
    que paga un precio desmesuradamente alto por el polvo,
    en el polvo
    Hay Cadáveres

    En el desierto de los consultorios
    En la polvareda de los divanes “inconcientes”
    En lo incesante de ese trámite, de ese “proceso” en hospitales
    donde el muerto circula, en los pasillos
    donde las enfermeras hacen SHHH! con una aguja en los ovarios,
    en los huecos
    de los escaparates de cristal de orquesta donde los cirujanos
    se travisten de ”hombre drapeado”,
    laz zarigueyaz de dezhechoz, donde tatúase, o tajéase (o paladea)
    un paladar, en tornos
    Hay Cadáveres

    En las canastas de mamá que alternativamente se llenan o vacían de
    esmeraldas, canutos, en las alforzas de ese
    bies que ciñe – algo demás – esos corpiños, en el azul Iunado del cabe-
    llo, gloriamar, en el chupazo de esa teta que se exprime, en el
    reclinatorio, contra una mandolina, salamí, pleta de tersos caños…
    Hay Cadáveres

    En esas circunstancias, cuando la madre se
    lava los platos, el hijo los pies, el padre el cinto, la
    hermanita la mancha de pus, que, bajo el sobaco, que
    va “creciente”, o
    Hay Cadáveres

    Ya no se puede enumerar: en la pequeña “riela” de ceniza
    que deja mi caballo al fumar por los campos (campos, hum…),o por
    los haras, eh, harás de cuenta de que no
    Hay Cadáveres

    Cuando el caballo pisa
    los embonchados pólderes,
    empenachado se hunde
    en los forrajes;
    cuando la golondrina, tera tera,
    vola en circuitos, como un gallo, o cuando la bondiola
    como una sierpe “leche de cobra” se
    disipa,
    los miradores llegan todos a la siguiente
    conclusión:
    Hay Cadáveres

    Cuando los extranjeros, como crápulas, (“se les ha volado la
    papisa, y la manotean a dos cuerpos”), cómplices,
    arrodíllanse (de) bajo la estatua de una muerta,
    y ella es devaluada!
    Hay Cadáveres

    Cuando el cansancio de una pistola, la flaccidez de un ano,
    ya no pueden, el peso de un carajo, el pis de un
    ”palo borracho”, la estirpe real de una azalea que ha florecido
    roja, como un seibo, o un servio, cuando un paje
    la troncha, calmamente, a dentelladas, cuando la va embutiendo
    contra una parecita, y a horcajadas, chorrea, y
    Hay Cadáveres

    Cuando la entierra levemente, y entusiasmado por el su-
    ceso de su pica, más
    atornilla esa clava, cuando “mecha”
    en el pistilo de esa carroña el peristilo de una carroza
    chueca, cuando la va dándola vuelta
    para que rase todos.. . los lunares, o
    Sitios,
    Hay Cadáveres

    Verrufas, alforranas (de teflón), macarios muermos: cuando sin…
    acribilla, acrisola, ángeles miriados’ de peces espadas, mirtas
    acneicas, o sólo adolescentes, doloridas del
    dedo de un puntapié en las várices, torreja
    de ubre, percal crispado, romo clít …
    Hay Cadáveres

    En el país donde se yuga el molinero
    En el estado donde el carnicero vende sus lomos, al contado,
    y donde todas las Ocupaciones tienen nombre….
    En las regiones donde una piruja voltèa su zorrito de banlon,
    la huelen desde lejos, desde antaño
    Hay Cadáveres

    En la provincia donde no se dice la verdad
    En los locales donde no se cuenta una mentira
    –Esto no sale de acá–
    En los meaderos de borrachos donde aparece una pústula roja en
    la bragueta del que orina-esto no va a parar aquí -, contra los
    azulejos, en el vano, de la 14 o de la 15, Corrientes y
    Esmeraldas,
    Hay Cadáveres

    Y se convierte inmediatamente en La Cautiva,
    los caciques le hacen un enema,
    le abren el c… para sacarle el chico,
    el marido se queda con la nena,
    pero ella consigue conservar un escapulario con una foto borroneada
    de un camarín donde…
    Hay Cadáveres

    Donde él la traicionó, donde la quiso convencer que ella
    era una oveja hecha rabona, donde la perra
    lo cagó, donde la puerca
    dejó caer por la puntilla de boquilla almibarada unos pelillos
    almizclados, lo sedujo,
    Hay Cadáveres

    Donde ella eyaculó, la bombachita toda blanda, como sobre
    un bombachón de muñequera como en
    un cáliz borboteante – los retazos
    de argolla flotaban en la “Solución Humectante” (método agua por
    agua),
    ella se lo tenía que contar
    Hay Cadáveres

    El feto, criándose en un arroyuelo ratonil,
    La abuela, afeitándose en un bols de lavandina,
    La suegra, jalándose unas pepitas de sarmiento,
    La tía, volviéndose loca por unos peines encurvados
    Hay Cadáveres

    La familia, hurgándolo en los repliegues de las sábanas
    La amiga, cosiendo sin parar el desgarrón de una “calada”
    El gil, chupándose una yuta por unos papelitos desleídos
    Un chongo, cuando intentaba introducirla por el caño de escape de
    una Kombi,
    Hay Cadáveres

    La despeinada, cuyo rodete se ha raído
    por culpa de tanto “rayito de sol”, tanto “clarito”;
    La martinera, cuyo corazón prefirió no saberlo;
    La desposeída, que se enganchó los dientes al intentar huir de un taxi;
    La que deseó, detrás de una mantilla untuosa, desdentarse
    para no ver lo que veía:
    Hay Cadáveres

    La matrona casada, que le hizo el favor a la muchacho pasándole un
    buen punto;
    la tejedora que no cánsase, que se cansó buscando el punto bien
    discreto que no mostrara nada
    – y al mismo tiempo diera a entender lo que pasase –;
    la dueña de la fábrica, que vio las venas de sus obreras urdirse
    táctilmente en los telares-y daba esa textura acompasada…
    lila…
    La lianera, que procuró enroscarse en los hilambres, las púas
    Hay Cadáveres

    La que hace años que no ve una pija
    La que se la imagina, como aterciopelada, en una cuna (o cuña)
    Beba, que se escapó con su marido, ya impotente, a una quinta
    donde los
    vigilaban, con un naso, o con un martillito, en las rodillas, le
    tomaron los pezones, con una tenacilla (Beba era tan bonita como una
    profesora…)
    Hay Cadáveres

    Era ver contra toda evidencia
    Era callar contra todo silencio
    Era manifestarse contra todo acto
    Contra toda lambida era chupar
    Hay Cadáveres

    Era: “No le digas que lo viste conmigo porque capaz que se dan
    cuenta”
    O: “No le vayas a contar que lo vimos porque a ver si se lo toma a
    pecho”
    Acaso: “No te conviene que lo sepa porque te amputan una teta”
    Aún: “Hoy asaltaron a una vaca”
    “Cuando lo veas hacé de cuenta que no te diste cuenta de nada
    …y listo”
    Hay Cadáveres

    Como una muletilla se le enchufaba en el pezcuello
    Como una frase hecha le atornillaba los corsets, las fajas
    Como un titilar olvidadizo, eran como resplandores de mangrullo, como
    una corbata se avizora, pinche de plata, así
    Hay Cadáveres

    En el campo
    En el campo
    En la casa
    En la caza
    Ahí
    Hay Cadáveres

    En el decaer de esta escritura
    En el borroneo de esas inscripciones
    En el difuminar de estas leyendas
    En las conversaciones de lesbianas que se muestran la marca de la liga,
    En ese puño elástico,
    Hay Cadáveres

    Decir “en” no es una maravilla?
    Una pretensión de centramiento?
    Un centramiento de lo céntrico, cuyo forward
    muere al amanecer, y descompuesto de
    El Túnel
    Hay Cadáveres

    Un área donde principales fosas?
    Un loro donde aristas enjauladas?
    Un pabellón de lolas pajareras?
    Una pepa, trincada, en el cubismo
    de superficie frívola…?

    Hay Cadáveres

    Yo no te lo quería comentar, Fernando, pero esa vez que me mandaste
    a la oficina, a hacer los trámites, cuando yo
    curzaba la calle, una viejita se cayó, por una biela, y los
    carruajes que pasaban, con esos crepés tan anticuados (ya preciso,
    te dije, de otro pantalón blanco), vos creés que se iban a
    dedetener, Fernando? Imaginá…
    Hay Cadáveres

    Estamos hartas de esta reiteración, y llenas
    de esta reiteración estamos.
    Las damiselas italianas
    pierden la tapita del Luis XV en La Boca!
    Las ”modelos” –del partido polaco–
    no encuentran los botones (el escote cerraba por atrás) en La Matanza!
    Cholas baratas y envidiosas – cuya catinga no compite – en Quilmes!
    Monas muy guapas en los corsos de Avellaneda!
    Barracas!
    Hay Cadáveres

    Ay, no le digas nada a doña Marta, ella le cuenta al nieto que es
    colimba!
    Y si se entera Misia Amalia, que tiene un novio federal!
    Y la que paya, si callase!
    La que bordona, arpona!
    Ni a la vitrolera, que es botona!
    Ni al lustrabotas, cachafaz!
    Ni a la que hace el género “volante”!
    NI
    Hay Cadáveres

    Féretros alegóricos!
    Sótanos metafóricos!
    Pocillos metonímicos!
    Ex-plícito !
    Hay Cadáveres

    Ejercicios
    Campañas
    Consorcios
    Condominios
    Contractus
    Hay Cadáveres

    Yermos o Luengos
    Pozzis o Westerleys
    Rouges o Sombras
    Tablas o Pliegues
    Hay Cadáveres

    – Todo esto no viene así nomás
    – Por qué no?
    – No me digas que los vas a contar
    – No te parece?
    – Cuándo te recibiste?
    – Militaba?
    – Hay Cadáveres?

    Saliste Sola
    Con el Fresquito de la Noche
    Cuando te Sorprendieron los Relámpagos
    No Llevaste un Saquito
    Y
    Hay Cadáveres

    Se entiende?
    Estaba claro?
    No era un poco demás para la época?
    Las uñas azuladas?
    Hay Cadáveres

    Yo soy aquél que ayer nomás…
    Ella es la que…
    Veíase el arpa…
    En alfombrada sala…
    Villegas o
    Hay Cadáveres

    ……………………………………….
    ……………………………………….
    ……………………………………….
    ……………………………………….

    No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay.
    Respuesta: No hay cadáveres.

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  2. Pingback: hay cadaveres, (gracias sudaca, gracias Iris) | el no soy lo que deberìa.

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