Dulce de leche a lo frío y queso rallado a lo caliente


Audio para radio Vorterix (menos de tres minutos) Para escuchar pinche el triangulito dormido

Los 25 de mayo y solamente  los 25 de mayo tengo tres conversaciones con mi hija catalana que tiene ocho años. A la mañana bien temprano le digo:

-Hija mía, si vos fueras argentina hoy no tendrías que ir al colegio. Pero el resto de los días  de tu vida tendrías que levantarte a las siete treinta AM, que en invierno de la Argentina  es todavía noche cerrada; tendrías que ir a la escuela  a veces con cero grado, pisando la escarcha del pasto, y la señorita te haría formar en el patio junto a otros nenitos en estado de coma , y todos cantarían alta en el cielo un águila guerrera, y sentirías el frío de mayo congelándote el purpurado cuello, y así durante los primeros doce inviernos de tu vida, hasta que te entre en el pecho la argentinidad o la pulmonía, lo que te llegue primero. Ser argentino, hijita, es sentarse en un pupitre y aprender a decir yo, tú, él, nosotros, vosotros, ellos, durante una década entera, y después salir a la calle y no decir Tú ni Vosotros nunca más, en la puta vida.

Ser argentino es tomar mate los primeros cuarenta años de tu vida sin saber por qué; y tomar Uvasal los segundos cuarenta años detu vida sin saber por qué. Ser argentino es no encontrar relación entre la mateína y la acidez.

Y a la tarde, durante la merienda del 25 de mayo, otra vez hablo con mi hija y le digo:

-¿Qué estas comiendo, hija mía?… ¿Por qué no le estás poniendo dulce de leche a esa banana, a ese pan con manteca, a ese pedazo de queso, a esa torta de coco, a ese yogur, a ese flancito? ¿Por qué no le estás poniendo dulce de leche a todo, hija mía, me querés matar de un disgusto? Ser argentino, hija,  es ponerle dulce de leche a lo frío. Ponerle queso rallado a lo caliente. Ponerle limón a lo frito. Ponerle cara de asco a lo hervido. Eso es ser argentino, hija mía. Andá a buscar el dulce de leche. Andá antes de que me ponga violento.

Y por las noches, cuando escuchamos canciones infantiles antes de dormir, cuando ella me pregunta “¿Papá, por qué otra vez me ponés  Manuelita”?, que es su forma de preguntarme “¿por qué soy argentina?”. Entonces  ensayo de nuevo una respuestas y le digo:

-Ahora tenés  ocho años hija mía, pero después, un día, vas a tener veinte. Y entonces vas a  poder descubrir las “otras” canciones de María Elena Walsh. No. No quiero decir que te vas a olvidar de Manuelita, o del Twist del Mono Liso o de la Reina Batata. Eso es imposible: las vas a tener atornilladas a la cabeza siempre y te van a hacer feliz toda la vida. Quieras o no quieras, porque eso es ser argentina.

Pero más adelante, hija mía,  estarás en la edad de conocer las otras canciones. Cuando seas grande será hora de que esa mujer, María Elena deje de ser, en tu cabeza, la que canta cosas para chicos, y empiece a ser la representación de la dignidad. Vas a empezar por “Serenata para la tierra de uno”. Y si la letra de esa canción te hace llorar justo en el verso que dice “porque el idioma de infancia es un secreto entre los dos”, si justo ahí empezás a llorar y a sospechar que María Elena hablaba de vos y de mí, de un padre y de una hija, es porque entonces serás argentina para siempre, aunque hayas nacido en otra parte.

Si le gustó y quiere escuchar las 117 entradas que hizo Hernán en Vorterix, puede hacerlo aquí.

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2 pensamientos en “Dulce de leche a lo frío y queso rallado a lo caliente

  1. Particularmente me conmueve mucho este tema, y me pregunto ¿donde quedaron esos compositores? Habrá alguno en la actualidad que pueda describir en acordes ese tipo de nostalgia… Tu blog me parece bastante interesante. Saludos.

    BEL.

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  2. Basta ser mayor o estar lejos de lo querido para tener nostalgia. Para componer hay que tener necesidad impostergable de hacerlo, para ser bueno se necesita talento y sensibilidad y hay que gustarle a los demás, y para ser famoso y conocido por esas obras hay que tener todo eso y suerte (o pocos escrúpulos)… o internet… 🙂
    Bel…debe haber un montón de Marías Elenas por ahí!

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