Boris (Primera Parte)

Hace veinte años hice mi primer entrevista. Fue en julio de 1992. Luego vinieron más, pero esa fue inolvidable, no solo por devirgarme ahí como entrevistador, sino por la riqueza, profundidad, crudeza, calidez  y frescura de lo que aconteció.

Estaba cursando una materia en Filosofía y Letras de la UBA, Movimiento Obrero y Migraciones. La dictaba María Luján Leiva, biógrafa de Severino di Giovanni. En el marco de nuestra investigación (con dos compañeras, una de las cuales sigue siéndolo hasta hoy, y madre de mis hijos), en la que entrevistamos a varios eslavos en Berisso, conectamos con Boris Petcoff, un búlgaro que trabajó en el frigorífico Swift a partir de 1924. Un relato en primera persona, casi sin interrupción de preguntas, en la que por la boca de Boris se fue deslizando lentamente la historia argentina.

Si usted entra seguido a este blog, habrá advertido que habitualmente  le prevengo: “esto es aburrido”,  “raje”, y cosas por el estilo. Esta vez le digo: no se aparte de su pantalla. Léalo íntegro. Irá en tres partes porque es largo para una sola vez.

Es un texto inédito, producto de la desgrabación de entrevistas.

En el marco de esa investigación, hubo varias entrevistas  a distintas personas,   altamente significativas desde el punto de vista histórico: la primera huelga en un frigorífico, la creación del gremio de la carne, el tiroteo en  Cine Victoria, el asesinato del hermano de Cipriano Reyes. Historias contadas por su protagonistas: los que estaban del otro lado del gatillo, el piquete, etc.

Para no ser injusto, yo solo era uno de los tres entrevistadores, además de Eugenia y Adelaida.

Boris: en donde estés, brindo por vos.

Estamos en el líving de su casa, sentados en unos confortables sillones. A Boris lo acompaña su esposa, que asiente cada frase de su marido y en alguna oportunidad repite resaltando conceptos. Boris nombra con memoria prodigiosa a  personas, calles, diálogos, horarios.

Con el tiempo comprendí que todos los entrevistados que migran recuerdan al detalle esas cosas.

Las cintas de cassette se han perdido, no hubo fotos, y si pone “Boris Petcoff” en Google, no encontrará nada. Espero que esa búsqueda en el futuro pueda arrojar varios resultados y lamento que por ahora solo sea este blog pedorro.

Rescaté la desgrabación mecanografiada, en papeles amarillentos por veinte años de conservación. El OCR (reconocimiento óptco de caraceres, con el escaneado) de la impresora y Shaun Tan me darán una mano para que esta historia no se pierda.

Ilustración: Shaun Tan, del Libro The Arrival

Yo vine al país en 1924. El 1º de Mayo desembarqué a las 9 de la mañana, a migración. Estuve en Inmigración hasta el día 6. El día 6 salí a caminar por Bs. As. y fui a un restaurant búlgaro, me dijeron y fui allá. Entro y veo dos muchachos que están tomando chopp y a uno lo conocí, porque yo no conocía a nadie cuando vine, y no tenía ni cinco centavos. Y lo miré y lo dejé. Después de un rato me llamó uno. Fui allá y me empezó a hablar en castellano. Y yo le dije: “Qué me hablas castellano. Si vos sos fulano”. Qué, ¿tan pronto te olvidaste el búlgaro?… Había venido hacía dos años. Bueno dice: sentate acá. vas a tomar un chopp? Le digo: -Yo voy a tomar pero plata no tengo … silo pagan ustedes si-. Seguimos conversando y me pregunta

-¿A dónde vas a ir?-

-¿A dónde voy? Vine a la Argentina. Estoy ahora en migración.-

Bueno, fui a la inmigración, retiré el pasaporte, firmé.

Ilustración: Shaun Tan, del Libro: The Arrival

Llegamos a Berisso a las 9 de la noche, fui a la calle Nueva York, al lado del frigorífico, y me llevaron a una fonda búlgara. ¡Era un hormiguero adentro! Búlgaros, rusos, checoslovacos, armenios, judíos, de todo.

En eso entra un muchacho … cuando o él me vio me dice:-Boris ,¿Usted acá?- Por qué no me escribió? Quién le trajo? -Le digo: Fulano, Fulano me trajo.- Agarró y los retó: -Juan- dice – a Boris lo llevo yo-. El no era de mi pueblo, él era de otro pueblo, pero en una fiesta lo vi separado ahí, y no bailaba. Fui y me acerqué al lado de él y le dije:- Vos no sos de acá, por qué no balás? ¿No conoces a nadie?_No. Bueno lo agarré yo y lo presenté a todas las chicas. Y en aquella época justo había terminado la guerra, la Primera Guerra Mundial. Todas chicas solteronas. La guerra mundial duró cuatro años o cinco, y tenían vergüenza, los viejos y los nuevos, y yo iba y les hacía gancho.

Y lo encontré acá y me llevó. A las 7 de la mañana a me llevó a la pieza de él, a la calle Cádiz 135. Y en ésto le digo: -Sabe Nicola, tengo piojos-.

En el barco agarramos unos piojos. Subieron unas portuguesas, unas gitanas, no me acuerdo, con unas polleras. llenaron el barco de piojos.

Un día que era lindo me saqué la camisa, porque era la única camisa que tenía. porque yo escapé de Europa, mi familia no sabia que yo venía a la Argentina. Me saqué la camisa, fui y la lavé, no había jabón. con un poco de agua, y la puse arriba en la cubierta y me senté al lado que no me la roben … Un barco repleto era. Dormíamos en las bodegas, abajo un salón de 10 por 10, y todas camas una arriba de otra. y a la mañana a nos sacaban arriba. Peor que animales. Después se modernizaron, empezaron a venir barcos modernos con cabina y todo.

Me siento así, miroun sol lindo, y veo unos piojos caminando por la camisa. Yo lo agarro con el dedo así, me lo sacudí, se secó y me la puse.

Ilustración: Shaun Tan, del Libro: The Arrival

Y este Nicola agarró y calentó una lata de agua. En aquel tiempo había latas de kerosene que venían de Rusia.

Agarró una, prendió un calentador, calentó agua, me llevó al baño, colocó una lata arriba con un agujero. y me bañé, y bueno , me acosté. A la mañana me levanto y me lleva a la puerta de la fábrica. Estaba a una cuadra de ahí la fábrica Swift. Y en esto me llaman,el Jefe de personal. Entro, me hicieron la chapa, me preguntaban y yo no entendía ni una palabra. Dice: -dame el pasaporte.- Me llevaron al departamento de tripería, dónde hacen la trlpería de novillo. Entro, era grande, un vapor… y toda gente con ropa blanca, gorra blanca, y yo miro y digo -acá todos doctores son?- Todos con gor ras blancas, todos con blusas blancas. Por ahí nomas me pusieron, agua hasta acá, [se señala por encima de la rodilla] yo tenía los únicos zapatos, el único pantalón.

Tiraban la tripa para un lado, y venían para acá, tiraban para la tina, para lavarla, venia para acá. No pasó una hora y yo veo que la gente salía, dejaban el trabajo y salían. Resulta que iban a tomar café en la playa, daban 15 minutos y me mandaban a mi, y yo digo:-¿Tan pronto vino el miodiodía?

Agarro y corro me voy a mi casa una cuadra. Llego a la calle Marsella y no encuentro la pieza. Mlro para acá, para allá, me re-oriente, fui a la calle Cádiz. y este Nicola me dice:-Che, por qué viniste?-

-Me mandara a comer.-

-No, te mandaron a tomar café!-

Le dlgo:-Mira me pusieron en un lugar con agua, ¿No hay algún delantal? Enseguida me dlo un delantal.

Entro a la puerta. El sereno me pregunta:-¿Qué?- Yo no le dije nada. Me mandó y seguí. Después trabajé. Como me mojé todo se me rompieron los pantalones. parecía una pollera. Voy a la noche, terminaba a las el trabajo, veo que todos se van y a mi nadie me dice que me vaya. Había uno que era búlgaro y no me hablaba en búlgaro, me decía en castellano. Me enseñó algo, y yo agarraba y limpiaba y no sabia. Tiro agua para acá, basura para allá. Y ahora no puedo adelantarme y salir. Todos se fueron. Después pensé : -voy a ver cuando uno pasa vestido y me voy con el-. Y vl pasar uno y yo atrás de él, y me llevó a la puerta.

Llego a la pieza con todos los pantalones rotos, y había otro paisano, dormía en la otra pieza, voy allá y le digo: -Deucho, no tenés un hilo y una aguja?. Mirá como tengo los pantalones, parece pollera-

Dice -Yo no tengo-

Y miro abajo de la cama y veo una caja llena con hilo, aguja, de todo.

Digo: -¡Pero mirá cuanto tenés!-

Dice:-Ah…, esto cuesta plata.-

Fui a la pieza, me senté y empecé a llorar. Tenía diecisiete años.

Se hace un silencio. Adelante mío  no estaba más el señor viejito de 85 años, sino un niño de diecisiete, solo, en un país extraño,  desolado y llorando. Tengo ganas de abrazarlo.

Quiero decir que a la historia la hacemos los hombres y las mujeres. Usted puede leer sobre Taylorismo y sus ensayos en los frigoríficos en la Argentina, pero escuchar/leer la historia de Boris le pondrá carnadura a las estadísticas y los análisis teóricos. Un libro que recomiendo es el de Zaida Lobatto, que mete esta biografía (no esta, porque no creo que haya conocido a Boris, pero no podría asegurarlo) en un cosntexto histórico, social y político mayor.

En la segunda parte veremos su vida en Bulgaria, la relación con su padre, la relación con los guerrillero búlgaros, la odisea y la estucia  para escapar de su país en postguerra.

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