La civilización y la barbarie

En 1889, París festejó, con una gran exposición internacional, los cien años de la revolución francesa.” [La construcción de la torre era el monumento icono de la civilización y el grado de desarrollo tecnológico alcanzado por Europa]

“Argentina envió una variada muestra de frutos del país. Entre otros, mandó una familia de indios de la Tierra del Fuego. Eran once indios onas [Selk’nam] , ejemplares raros, una especie de extinción: los últimos onas estaban siendo aniquilados, en esos años, a tiros de Winchester.”

ONAS EN PARÍS

“De los once onas enviados, dos murieron en el viaje. Los sobrevivientes fueron exhibidos en una jaula de hierro. Antropófagos sudamericanos, advertía un cartel. Durante los primeros días, no les dieron nada de comer. Los indios aullaban de hambre. Entonces, empezaron a arrojarles algunos pedacitos de carne cruda. Era carne de vaca, pero nadie quería perderse aquel espectáculo horripilante. El público, que había pagado entrada, se agolpaba en torno a la jaula donde los salvajes caníbales disputaban a zarpazos la comida.

Así fueron celebrados los primeros cien años de la Declaración de los Derechos del Hombre.”

Eduardo Galeano

 “la idea era exponerlos en Europa para mostrar el contraste entre el progreso y el salvajismo”  Anne MacKaye Chapman

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5 pensamientos en “La civilización y la barbarie

      • Fantástica. Me gustó la del naufragio del caserón importado de Francia. Será que uno tiene también en su corazoncito algo de amor por la desgracia del prójimo medio oligarca. Qué va’cé: no enorgullece, pero es sublimador (!).

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  1. No sé si mostró el contraste, pero que mostró hasta donde puede llegar el salvajismo no queda duda. Y es que los verdaderos salvajes estaban afuera de la jaula.
    Nada más aterrador y más salvaje que el público (ese al menos era presencial, la tv e internet han generado un público más enajenado aún porque la pantalla mantiene lejanas las cosas que pretende acercar) , forma incolora, inodora e insípida de las muchedumbres. No es pueblo que lucha, ni siquiera es la multitud que lincha, es un grupo que no se compromete con nada ni nadie y solo consume imágenes de toda índole con inocencia aprendida. Porque jamás se hace responsable por lo que propicia con su mirada.Aunque a veces se escandalice luego. Lo mismo está para aplaudir un mundial de fútbol, a Julio Boca, a mujeres convertidas en culos y tetas por Tinelli, o a personas hambrientas y asustadas exhibidas en jaulas como algo exótico.

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