Ne me quitte pas

Mi amigo Pablo tuvo un hijo con su chica, Sandra. A los pocos años, ella quedó nuevamente embarazada. La ecografía dijo que eran mellizos.

Sandra a veces viajaba por el trabajo. En esos días, Pablo quedaba a cargo de los niños. Al tiempo de esa situación, Pablo le dijo a Sandra: -Mirá, morocha, a mi no me importa lo que hagas en los viajes. Si querés, meteme los cuernos… pero… por favor ¡Volvé!… ¡No me dejes!…-
El me lo contó riendo, pero yo supe que lo dijo en serio.

El miércoles de la tormenta, mi mujer viajaba por el trabajo. Cuando por aquí la tormenta hacía destrozos, ella estaba en la ruta, volviendo bajo la lluvia. Yo cocinaba unas papas en el horno y albóndigas con salsa a la luz de las velas (por el corte de electricidad). Al más pequeño no lo calmó la lectura de un cuento, ni los abrazos, ni los juegos con la linterna. Los otros dos no paraban de hablar como reacción de susto ante el sonido del viento.
Entendí profundamente lo que Pablo me contó hace seis años.

Le advierto que Jacques Brel ta traspirau, y  se le acerca con sus dientes grandes. Córrase y heche Poett

Después vuelva escuche a Toots Thielemans & Fred Hersch, … ¡¡¡Ne me quitte pas!!! 🙂

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