Corte de luz, Darwin, Malvinas y la propiedad privada.

Todos saben  algo de   Charles Darwin. Saben que escribió  origen de las especies, y que postuló la teoría de la evolución en base a la selección natural. Algunos sabrán más y otros menos.

Empecemos por otro lado… Hace muchos años viajé con mi mujer a Tierra de Fuego y entre otras cosas, conocimos el Penal de Usuhaia. En ese lugar compré este libro.

Nunca lo había leído. En a biblioteca hay varios libros que esperan su turno. Y el viento me ayudó. La tormenta del miércoles nos dejó sin electricidad, ni agua. (no tele, no baño, no intenet, no luz, no , no , no nooooo…..) Y muchos si: si cena con velas, si lectura de cuentos a lo niños, si ingenio para cocinar recetas en base a lo que queda en la heladera para que no se pudra, si a la creatividad,  a las sábanas sin televisor. Y en la volteada de los si, cayó Darwin.

El viaje del Beagle duró casi cinco años:  desde fines de 1831 hasta casi fines del 1836. En ese viaje, pasó por Argentina, charló y cabalgó con Rosas, le mangueó financiación, desembarcó en  Malvinas, Tierra del Fuego, y pegó la vuelta por el Pacífico. Cartografió costas.  Funcional al  interés estratégico de  la corona británica. Recogió especímenes, identificó especies, conjeturó, reflexionó y mandó cartas extensas, que luego se compilaron y se transformaron el libros. Y sus reflexiones nocturnas, se transformaron en teorías biológicas y hasta sociales (para algunos, que inpirados en esas ideas, explicaron como unas razas son naturalmente superiores a otras y es cuestión de selección natural, que unas sean sojuzgadas). Pero esto es harina de otro costal.

Quiero dejar dos impresiones: una sobre su paso por Malvinas, y otra sobre reflexiones que hace respecto de la vida de etnías de Tierra del Fuego.

15. – Perfecta igualdad entre los fueguinos. Comparación de éstos con las dos razas insulares de los mares del sur

“La perfecta igualdad que reina entre los individuos que imponen las tribus fueguinas retardarán durante algún tiempo su civilización. En las razas humanas ocurre como en los animales, a quienes su instinto les impulsa a vivir en sociedad; están más adecuados al progreso cuando obedecen a un jefe. Sea esto una causa o un efecto, los pueblos más civilizados tienen siempre el gobierno más artificial. Los habitantes de Tahití, por ejemplo, estaban gobernados por reyes hereditarios en la época de su descubrimiento y habían alcanzado un más alto grado de civilización que otra rama del mismo pueblo, los neozelandeses, que aunque habían hecho grandes progresos por haberse visto obligados a ocuparse en la agricultura eran republicanos en el sentido más absoluto del término. Parece imposible que el estado político de Tierra del Fuego pueda mejorar en tanto que no surja un jefe cualquiera provisto de un poder suficiente para asegurar la posesión de progresos adquiridos, el dominio de los animales. por ejemplo. Actualmente, si se le da a uno de ellos una pieza de tela, desgarra en pedazos y cada cual tiene su parte; nadie puede ser más rico que su vecino. Por otro lado, es difícil que surja un Jefe en tanto que todos esos pueblos no hayan adquirido idea de propiedad, idea que les permitirá manifestar su superioridad y acrecentar su poder.

Creo que el hombre, en esta parte extrema de la América del Sur, está más degradado que en cualquier otra parte del Mundo. Comparadas con los fueguinos, las dos razas de insulares del mar del Sur que habitan en el Pacífico son civilizadas. El esquimal, en su choza subterránea, disfruta de alguna las comodidades de la vida, y cuando está en su canoa, da muestras de gran habilidad. Algunas de las tribus de África meridional que se alimentan de raíces y que viven en medio de llanuras áridas y salvajes, son, sin duda, muy miserables, El australiano se aproxima al fueguino por la sencillez de la artes de la vida; puede sin embargo envanecerse de su bumerang, de su lanza, de su bastón arrojadizo, de su manera de subirse a los árboles, de las astucias que emplea para cazar a los animales salvajes. Pero aunque el australiano sea supe­rior al fueguino en relación con el progreso adquirido, no debe deducirse en modo alguno que le sea superior en capacidad mental. Creería yo, al revés, según lo que he visto de los fueguinosa bordo del Beagle y de lo que he leído acerca de los australianos, que lo contrario se aproxima más a la verdad.”

Ya tá.  No pondré música. No agregaré nada.

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