Sudaca renegau, renegau, renegau II (Anarkoperonismo. Si te gusta el durazno bancate la pelusa)

 

¿Como puede mi zurdo-anarquismo irreverente compatibilizar con el peronismo versión K?…

Los sténciles suelen no estar firmados. No sé quien es el autor. El problema es que tampoco encontré al autor de la foto.

El tema de la lealtad dentro del peronismo siempre me complicó. Poner en duda este valor, hace peligrar la identidad política, pero yo me cago en todo. No… trato de cuestionar lo establecido.

¿Qué pasa cuando la lealtad a determinada idea, persona o colectivo, pone en riesgo las propias convicciones?… Se cambian las convicciones, o se traicionan. Y en el segundo caso se confirmaría la idea que los principios solo sirven para empezar. Podría citar a Groucho Marx diciendo: estos son mis principios… si no le gustan, tengo otros.

 Cambiar las ideas,puede ser saludable. Obedecer, no siempre. La lealtad puede suponer deslealtad. ¿…? Si, solo es cuestión de elegir a quién se es leal.

El concepto de disciplina partidaria, implica que se acata lo que en el estamento superior se ha determinado. Una especie de obediencia debida. Bloque político, también lo supone. (y no hablo de bloque histórico, sino de bloque partidario). El líder sabe por qué es. Uno está allí para aportar a la causa, a veces no entiende por qué hace lo que hace, pero sabe que el líder entiende. Por algo está allí.

Entonces, lealtad, se enlaza a liderazgo y conducción. Dos conceptos más verticales que horizontales.

¿Y si la idea que hay que acatar se contradice con la idea que uno tiene de bien común?… La izquierda lo resuelve escindiéndose, como en una especie de cáncer al revés: en vez de reproducirse, no para de separarse. El peronismo tiene otros mecanismos. ¿No?…

El siglo XX ha sido un siglo de personalismos. Las construcciones horizontales no prosperan.

No soy contractualista para imaginar el fundamento de lo colectivo, pero entiendo que hay sapos que tragar para ser parte de un “nosotros”. Eso funciona también en las relaciones de pareja y las construcciones políticas. Lealtad y traición juegan en el mismo equipo.

El camino para cumplir los objetivos es sinuoso. Las tácticas, dentro de la estrategia general, a veces parecen conspirar contra los principios rectores que la impulsan. Para ver el cuadro completo, hay que alejarse unos centímetros, si no, solo se ven pinceladas que no configuran nada.

Táctica y estrategia

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites

Voy a hacer mierda este poema disectándolo, como en una clase de biología. Tomé Benedetti, que es más entretenido que Clausewitz para ver táctica y estrategia. El objetivo del quía está sugerido: quiere ganarse la mina. (puede aplicarse para cualquier género/sexo). Pasando al plano de la práctica, se platea una estrategia: si logra que la mina/el mino lo necesite, ya tá. ¿Y cómo hace?… Todas esas guarradas que propone: hablarle, construir puentes, etc, etc, etc. Cada acción que hace, tiene sentido dentro de la estrategia planteada y del objetivo general. Tal vez, el tipo es tímido, no le gusta hablar. Pero la estrategia y el objetivo obliga a una táctica que va en contra de sus convicciones. ¡Si querés durazno, bancate la pelusa!…

Cristina a veces se parece al Rey del Principito. Ordena hacer lo que el pueblo quiere. Y uno solo debe cumplir… su propios deseos. Los que la pasan mal son los enemigos del pueblo, y tampoco tan mal, porque no se trata de impedir que ganen, sino que no ganen tanto. La negociación es el proceso por el cual todos ganan: y eso es la política en el peronismo.

Fragmento del Capítulo 10 del Principito:

– Quisiera ver una puesta de sol… Tenga la bondad… Ordénele al sol ocultarse…

– Si ordenara a un general volar de una flor a otra como una mariposa, o escribir una tragedia, o convertirse en ave marina, y si el general no ejecutara la orden recibida, quién estaría en falta, él o yo ?

– Sería usted – dijo con firmeza el principito.

– Exacto. Debe exigirse de cada uno lo que cada uno puede dar – prosiguió el rey. – La autoridad se fundamenta en primer lugar en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, hará la revolución. Yo tengo el derecho de exigir obediencia porque mis órdenes son razonables. [Tengan cuidado en Uropa. Esto lo digo yo]

– Y mi puesta de sol ? – recordó el principito, que nunca olvidaba una pregunta una vez que la había formulado.

– Tu puesta de sol, la tendrás. Yo la exigiré. Pero esperaré, con mi ciencia de gobernante, que las condiciones sean favorables.

– Cuándo será eso ? – se informó el principito.

-Hem! hem! – le respondió el rey, que consultó primero un gran calendario, – hem! hem! será a eso de… a eso de… será esta tarde a eso de las siete horas cuarenta ! Y ya verás cómo soy obedecido.

¿Y si el rey se equivoca?… ¿Y si entiende mal los deseos de su pueblo?… Cuando el planeta es grande, y los súbditos son muchos, el rey debe apechugar con la contradicción de intereses.

No se trata de encontrar expertos buena leche que se ocupen de lo público. Imagino que una idea, algo basista, ingenua, pelotuda, extemporánea, podría funcionar: aumentar los canales de participación para la toma de decisiones. Más situaciones parecidas al mecanismo consultivo que se construyó para llegar a la presentación de la ley de medios. Más presupuestos participativos. Más gestión asociada. La democracia representativa/delegativa no me alcanza.

Tampoco se trata de engañarnos con mecanismos consultivos construidos de acuerdo al modelo de los organismos multilaterales de crédito: Que someten a consulta solo aquello que no importa cual sea el resultado.

Como diría Adolfo Castello, juzgando los primeros tiempos del mandato de Nestor: “hasta ahora vamos bien. El yogurt no se venció, lo seguiré comiendo”.

No he tenido que traicionar, ni traicionarme. 🙂

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