La vida en la pantalla II (¡Qué lo parió!)

El deseo de habitar vidas alternativas no es nuevo. Lo novedoso es la posibilidad técnica de practicarlo con cierto gobierno. No imitar a nuestros héroes, sino guionar la aventura de la que participamos, como en los juegos infantiles en los que les poníamos sentidos al zorro, el hombre del rifle, o el suyo (recuérdelo).

La literatura nos transportaba/transporta  a lugares fantásticos. Los radioteatros también. El Toddy (cocoa)  transformaba al primo de mi vieja en Tarzán. Antes mi abuelo, mediante la radio, mutaba en Poncho Negro.

Fragmento del radioteatro Poncho Negro (1929)


Investir otros yo es un juego. Eso vale tanto para los juegos analógicos como en el ciber-espacio (Sacarnos el exoesqueleto, como los insectos, para mostrar avatares y aspectos imaginados). Johan Huizinga, en  Homo Ludens,  plantea que mediante el juego  la humanidad se crea constantemente su expresión de la existencia, un segundo mundo inventado junto al mundo de la naturaleza. El juego como una actividad llena de sentidos. “No es la vida corriente, o la vida propiamente dicha, más bien consiste en escaparse de ella a una esfera temporal de actividad que posee su propia tendencia, que puede absorber por completo, y en cualquier momento, al jugador.”  ¡Lo escribió   65 años antes de la creación de  Second Life.!

La cosa está en el tiempo que lleva el juego: a Tarzán se jugaba con los amigos a la salida del colegio, después del Toddy (cocoa). Más tarde, era la hora de hacer los deberes: vea la propaganda: “estudiar, ser buenos y obedientes”. La cena, lavarse los dientes, ponerse el pijama y a dormir. Se está esperando el recreo, para jugar. Se espera salir del cole para jugar. Se despierta, desayuna su Toddy, y a jugar. Estaba claro el límite entre el juego y el no-juego.Reloj sin horas

El industrialismo marcaba el tiempo: trabajo/estudio/casa/tiempo libre. Cada uno tenía previsto y lugar en la estructura social: los obreros producían, los niños estudiaban para obreros o para burgueses, los desocupados eran el ejército de reserva que disciplinaba a los obreros. Trabajo/descanso/vacaciones/juego. Tic-tac-tic-tac-tic-tac. Todos ocupaban su lugar: hombres, mujeres. Los adolescentes con un status difícil de encasillar. Pero había rituales de pasaje: los quince para las niñas, los dieciocho para los niños. Esa fecha, y con ritual mediante, cambiabas de status, y se acaba el problema: estudiar o trabajar. Se agregaba lo del signo del zodíaco o la frecuencia en la que bailaba en ese lugar, pero se seguía un protocolo bastante  rígido ¿Estudiás o trabajás?.

El post-industrialismo, dejó a la gente fuera de status: no hay rituales de pasaje: se está en una adolescencia permanente. O es que hay más de dos opciones o no hay ninguna. No hay protocolos para las preguntas. No hay tiempo de juego. ¿Vió los lunes al sol?… Cada tanto se preguntan: -¿Qué día es?-

Hay algo de la vida analógica expulsa a la hiper-realidad: Insatisfacción, hastío, frustración. La hiper-realidad como un contexto en el que la percepción de la realidad está distorsionada. El punto está en los delicados límites, bordes o más bien fronteras entre el juego y la vida analógica. Cuando el juego se vuelve compulsión, cuando el personaje se come a la persona, cuando confundimos el juego con lo que no lo es.

Jugamos un juego en el que otros ponen las reglas, o somos co-partícipes de su construcción?… ¿Jugamos o somos jugados?… ¡Qué lo parió!… No tengo ni idea.

Hay veces en que somos simplemente voyeur del juego de otros. Y eso pasa tanto en la vida analógica como en la pantalla. Pensaba en eso y me topé con esta tira de Rep. Me asusté un poco, porque el dibujo logra expresar exactamente lo que estaba pensando. ¡Qué lo parió, nuevamente!…

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Un pensamiento en “La vida en la pantalla II (¡Qué lo parió!)

  1. no estaba tan separado el que jugaba a tarzan del que eras. Cuando dormias, eras otra vez tarzàn. Si señor. Cuando se apaga la luz de la pc,no desaparece el circo magico y misterioso. Lo llevas en vos, como esas musicas que aunque la radio este apagada, siguen ronroneando adentro tuyo: por ej. en mi caso stand by me (no la versiòn de lennon, la de ben e. king)

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